martes, 19 de julio de 2011

Aprendamos a decir N0


Esta canción, nos habla de como se empieza en el mundo de las drogas de como se puede tomar  este camino como si fuese un juego, buscando nuevas experiencias que nos hagan "volar", cuando no tenemos conciencia de ello por ser  jovenes  y pensamos que nosotros podemos "probar" y nada nos pasará, no somos concientes de el peligro que esto conlleva. Muchos jovenes NO SABEN DECIR NO y sucumben a la tentación.

jueves, 14 de julio de 2011

“LA CULTURA DE LAS ADICCIONES.FIAFB: HACIA UN NUEVO MODELO INTEGRADO"

La Cultura de la Adicciones
El resumen que presentamos, corresponde a la exposición que tratará de
reflejar la primera parte de una obra que pretendemos comprenda tres
volúmenes.
A lo largo de estas reflexiones plasmamos, con mejor o peor acierto,
lo que han sido bastantes años de un roce continuo y de un compartir
vivencias con la adicción y con los adictos.
Queremos expresar cómo estas experiencias nos han llevado de la
mano a recorrer un continuo histórico y a observar e intervenir en
un fenómeno llamado consumo de sustancias, trastornos adictivos,
adicciones. Así hemos vivido las transformaciones y así hemos querido
reflejarlo
FIAFB: Hacia un nuevo modelo integrado
La creación de un estado carencial perpetuo o la sensación de insatisfacción
crónica es la gran revolución de la sociedad del siglo XXI, algo, que por
otra parte, se venía gestando desde la última década del siglo XX, al hacer
los análisis de los consumos y comportamientos adictivos en la sociedad.
Se instauró la necesidad como valor constante y primordial de la sociedad
y su satisfacción como el objetivo nuclear de los comportamientos y
actitudes individuales.
Estas vivencias personales amén de las influencias educativas, provenientes
de todos los entornos que coinciden e inciden en los sujetos, sumergen
a los individuos en un estilo que comprende y abarca todos los factores.
para generar adicción, otrora llamados de riesgo y, en el momento actual,
asumidos y justificados, o, cuando menos, llevar al individuo de la mano
hacia el proceso adictivo o guiarlo dentro de él.
La adicción es un fin en sí misma y así debe ser para mantener el actual
estado de la sociedad. Esta sociedad utiliza a los sujetos como medios
para “normalizar” estados adictivos y para que la percepción del riesgo
no exista, ni individual ni colectivamente, o tenga un techo mayor. Aquella
alarma social que pudiera aparecer ante situaciones relacionadas con
estos comportamientos, quedaría acallada ante el hecho de ser una
actuación coejecutada por un amplio espectro de la población.
El respeto al SER HUMANO, tanto desde fuera como desde dentro del
mismo ser humano, se transgredió hace tiempo y no sólo no se hizo
nada por evitarlo, sino que se potenció la trasgresión. Cuando el valor de
tener marginó, apartó, al valor de ser; cuando se confundió el significado
de libertad por pérdida de control y se puso el concepto en otras manos
y en otras ideas; cuando el valor de “saber estar” se vio ampliamente
sobrepasado por “el estar mejor”, o “estar mejor puesto” y, lo más triste,
sin saber qué es estar mejor o con pensamientos, fuertemente imbuidos
y manipulados, de lo que aquello significa.
Si la adicción es la subordinación de un individuo a… “algo”, a “su algo” o
a “sus algos”, la subordinación social a un estilo global que adormece, que
aliena, que vacía al individuo de su mismidad de ser, lleva a la sociedad a
un TODO GLOBAL ADICTO.
La idea antedicha es importante por cuanto en un futuro presente,
alguna vez en nuestras intervenciones, en nuestras manifestaciones
nos tendremos que plantear, al intervenir con “los sujetos adictos” si
los resinsertamos en la sociedad (irónica paradoja), los sacamos de ella
(adónde), se daría el caso de marginación para recuperación, o bien, los
enseñamos a nadar sorteando los cascotes de riesgo de recaída, que se
encontrarán habitual y continuamente.
¿Cómo se llega al estado actual de las cosas? Pregunta que nos viene
preocupando y ocupando.
Durante tiempo y de una manera continua, sin pausa y con una mesura
detalladamente estudiada, se ha ido produciendo una impregnación social
de ideas, actitudes, emociones, etc., que han calado hasta lo más profundo
del individuo, del sujeto activo, penosamente pasivo, y engañosamente
articulado en la conciencia de ser y de dirigirse a sí mismo.
Podríamos resumir esos ejes de influencia y de determinación de
la sociedad actual, en los referidos a continuación y que podrían
complementarse con otros:
• El gran predominio individual y social de la estética y de la satisfacción
abundante. Con qué leve modificación pasamos de la ética a la
estética, con sólo añadir unas letras transformamos todo un
objetivo existencial que partiendo de lo más profundo del ser
acaba convirtiéndose en imagen.
Y la satisfacción abundante; no vale con tener, hay que tener más;
no basta con ser, hay que ser más; no basta con sentir, hay que
sentir más. La satisfacción abundante no pone el énfasis en la
satisfacción sino en el más.
• Se quiere cronificar el instante de bienestar, de la felicidad sin
pausa, el hedonismo como cumbre de máxima de aspiración
individual, y, para llegar a esto, tenemos que perpetuar el deseo
y la insatisfacción generados en unas expectativas que nunca
podrán ser resueltas.
• La normalización de los excesos ha servido como plataforma sobre
la que se asientan ideas que hipnoticen a los sujetos y los lleven
a actuaciones más allá de los límites, porque no existen límites; más
allá de las consecuencias, porque no existen consecuencias; más allá
de ellos mismos, ante la necesidad de superarse, de transcenderse.
• La falsa idea de control con la cual los individuos salen reforzados
en sí mismos, cayendo en el autoengaño de ser los protagonistas
de ellos mismos y creyendo ser los que no son. Realidad virtual
que hoy día queda plasmado en el uso de redes sociales.
• Y sobre todo, la necesidad compulsiva de actividades ineludibles; el
hecho adictivo asociado y vinculado inexorablemente a modos
habituales, a hechos obligados. Vínculo del que un individuo no
puede liberarse.
Todo lo antedicho, esta ponencia en su extensión, no es más que el
punto de partida para el resituar teórico del fenómeno adicciones y del
proceso adictivo, con la finalidad esencial y prioritaria de dar oportunidad
a los especialistas y a otros intervinientes en la respuesta adictiva, de
actuar en él.
Desde el autocontrol a la adicción hay miles de caminos y bastantes
atajos, pero si algo está claro, es que cuanto mejor conozcamos de dónde
venimos, dónde estamos, cuál es la visión qué tenemos y, sobre todo, a
dónde queremos ir, mejor podremos modificar la dirección del camino
previamente dibujado.
Desde la adicción al “autocontrol” también hay bastantes caminos y menos
atajos. Si es un hecho que el cambio existe inexorablemente, debemos
tener muy claro el plano en el que nos situamos para no perdernos al
diseñar el camino, para no extraviar, engañosamente, la dirección a seguir.
El conocimiento sobre los adictos actuales, ¿quiénes son, cómo sienten y
se sienten?, si así se sienten y existen; ¿cuál es el objeto de la adicción, cuál
es el deseo, qué les atemoriza?, en la identidad oculta, en el autoengaño,
en la falacia social,… Pues bien, este conocimiento se hace necesario
si queremos ajustar una respuesta a una verdad necesaria y no a una
quimera social.
 D. Justo Aliseda Miranda. Director General FIAFB. Master en Drogodependencias y SIDA.D. Cristóbal Gangoso Aragón. Doctor en Psicología. Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca. D. Antonio García Patiño. Licenciado en Psicología. Master en Drogodependencias. D Antonio Vila Palau Licenciado en Medicina Master en Drogodependencias





















viernes, 8 de julio de 2011

“Intervención en la Cultura de las Adicciones” D. David Saavedra Pino. Trabajador Social. Técnico de Prevención de Drogodependencias

¿Realmente existe una “cultura de las adicciones”?Más de una vez hemos escuchado el término “cultura de las adicciones”
asociado al consumo de drogas o de alguna droga en particular. ¿Qué
significado tiene esta afirmación? A lo largo de la historia de la humanidad
el ser humano le ha otorgado diferentes significados a lo que respecta
el consumo de drogas. Muchas veces ligado con hechos históricos
o movimientos culturales. Hemos escuchado que las drogas son tan
antiguas como la humanidad y que nos han acompañado siempre, con
diferentes usos, pero que el hombre hizo un mal uso y un abuso de las
mismas. A través de la historia se ha pasado por diferentes momentos
que han conformado lo que hemos venido denominando “cultura de las
adicciones”. ¿Cuáles han sido esos momentos? ¿Y qué ha significado cada
momento histórico y cultural en el abordaje de las adicciones? ¿Cuáles
serán los movimientos culturales que han de venir?
¿Qué es la CULTURA?
Consideramos cultura como el conjunto de todas las formas, los modelos o
los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad regula
el comportamiento de las personas que la conforman. ¿El comportamiento
de las personas puede verse influenciado por el uso o las interferencias
que las diferentes drogas hacen sobre ese mismo comportamiento hasta
tal punto de cambiar los patrones culturales y la forma de relacionarse?
Como tal, la cultura, incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas
de la manera de ser, vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento
y sistemas de creencias. ¿Todos estos elementos son influenciables o
modificables desde el punto de vista del consumo de las drogas o de una
droga en particular?
La sociología y la antropología son dos de las disciplinas que se han encargado
del estudio de la sociedad y por tanto de la cultura. Evidentemente esta búsqueda
del conocimiento y explicación del término cultura y, en el caso
que nos ocupa, de la “cultura de las adicciones” intenta ser una aproximación causala los diversos comportamientos que los colectivos humanosrealizan en torno al consumo de las drogas.
No son pocos los estudios sociológicos que han intentado analizar con
mejor o peor suerte fenómenos como el botellón y otros.
Por lo tanto, hemos desarrollado con nuestras acciones y maneras de
comportarnos alrededor de las drogas un lenguaje, una simbología y una
parafernalia propia de una cultura, y esto lo hemos ido haciendo perdurar
a lo largo del tiempo.
Así términos y conceptos como la “cultura del vino”, la “cultura del
malestar”, la “cultura de la imagen”, “cultura del éxito”, ... se han convertido
en términos familiares.
Sociedad y Cultura
El uso de las drogas con fines euforizantes y psicodélicos es conocido
desde siempre. En todas las culturas se han utilizado sustancias
psicoactivas, con fines religiosos y curativos. Así, médicos e historiadores,
al igual que sociólogos como anteriormente decíamos, han intentado
entender y explicar las causas del consumo de las diferentes drogas.
En la “historia de las adicciones” ha influido la actitud social ante el
consumo de drogas, el papel de los profesionales sanitarios, la postura de
los poderes públicos y su reflejo en la legislación que regula los consumos
de las drogas, los medios de comunicación, la publicidad y desde luego la
red de recursos asistenciales como preventivos.
Así a través del tiempo nuestra cultura ha fomentado todo tipo de adicciones
(al dinero, a la belleza, a la salud, al trabajo, al consumo,…). Muchas
veces determinar cuáles de estas adicciones son socialmente aceptadas
o aceptables y cuáles no, se puede basar en criterios morales más que
científicos. Cabría plantearse la siguiente pregunta ante este dilema: ¿La
prevención y el tratamiento de las adicciones se basa más en criterios
morales a la hora de priorizar las intervenciones o en criterios de daño
sanitario? Podríamos cuestionarnos que si existiera una verdadera cultura
de la salud se intervendría de una manera global contra las amenazas
tóxicas hacia la humanidad(4). Muchas veces asistimos, de alguna manera,
impotentes cuando, como técnicos, destinamos tiempo y esfuerzo a prevenir
conductas adictivas cuando no existe un respaldo unitario hacia
la consecución de políticas activas y efectivas de promoción de la salud.
Es más, también nos encontramos que actualmente, los consumos de
drogas se producen en entornos recreativos y se inician en personas
muy jóvenes, que conscientes de los riesgos del consumo de las drogas,
ignoran las advertencias sobre sus peligros.
Cultura de la Antigüedad
Son múltiples las referencias al alcohol, y en particular al vino, en la Biblia.
Desde Noé, plantando un viñedo y embriagándose en el Génesis, a Jesús
haciendo el milagro de convertir el agua en vino en las bodas de Caná y
posteriormente incorporando el vino como parte del principal rito del
Cristianismo: la Eucaristía(2).
En la antigüedad, se hace referencia al consumo de vino y cerveza
tanto en las escrituras sagradas como en la historia. En el caso de la
Biblia existe una ambivalencia hacia el consumo de bebidas alcohólicas:
por un lado se consideran una bendición divina que provoca alegría y
diversión y por otro, también, un potencial peligro que podían ser usadas
imprudentemente.
En los diferentes periodos de la antigüedad y en las diferentes civilizaciones
se han relacionado con el alcohol de manera diferente: en Asia Menor,
tenemos el vino resinato, con el que bastaban dos o tres copas pequeñas
para casi alucinar; en la India conocían este tipo de bebidas como Sura;
al igual que en el budismo las bebidas alcohólicas no estaban bien vistas,
ya que el santón budista prefiere el cáñamo; mientras que el brahaman
es totalmente cerrado y dice que este tipo de bebidas son el principio
de la incomunicación absoluta; en China y Japón son muy afectos al vino
de arroz; en África es frecuente la elaboración de cervezas elaboradas a
partir de distintos vegetales.
En la expansión del Imperio Romano sucedió la que fue la primera de
las oleadas de alcoholización de la humanidad.
Cultura Tradicional
El alcohol por su tradición e historia está presente en la mayoría de
las diferentes celebraciones, fiestas populares y privadas… no se
puede desligar tan fácilmente el consumo de alcohol con festividades.
Los diferentes momentos históricos han marcado los vaivenes de su
consumo. Desde las malas condiciones laborales de la industrialización
hasta la sociedad post-moderna del consumo, con un marcado carácter
hedonista.
En el caso del consumo de tabaco, desde su descubrimiento y llegada a
España a partir de la segunda mitad del siglo XVI hasta el momento actual
con la regulación del consumo de tabaco en lugares públicos, también
acompañó a la sociedad. El siglo XIX se caracterizó por un incremento del
consumo de tabaco paralelo al crecimiento de la población y de la renta.
En el año 1.929 se publica la primera evidencia científica que relaciona
cáncer y tabaco y en 1.939 se presenta el primer estudio epidemiológico
mundial que corrobora esta relación. Pero aún así no es suficiente para
parar la epidemia del tabaquismo.
Cultura del Vino
Tal como vemos, el vino tiene múltiples referencias en la historia de
la humanidad, como son la agricultura, la gastronomía y las actividades
lúdicas. Estando presente en la mayoría de los acontecimientos históricos
y celebraciones. Hay que suponer que el vino ha supuesto el motor
económico y comercial de muchas civilizaciones.
El intento de regularización del consumo
Recientemente han sido varios los intentos de regular su consumo o al
menos el espacio físico del mismo (consumo de alcohol en la vía pública
o por grupos de jóvenes). Sobre todo en la finalidad o el objeto de estas
normas ha estado presente el proteger la salud de los menores, debido
a que el consumo y abuso de alcohol se ha convertido en un problema
para la salud física, el desarrollo físico, intelectual, personal y familiar(3).
Aunque este intento de regularizar su consumo y prevenir su abuso ha
chocado de frente con los intereses de las compañías vitivinícolas, las
cuales han visto amenazado su modelo de negocio.
Las Drogas como Fenómeno Cultural
El consumo de drogas y los problemas derivados han cambiado
profundamente en los últimos años. Se ha pasado de un consumo de
drogas sectorizado en unos grupos de población determinados (los
“yonkies” en el caso del consumo de heroína, los “yuppies” en el caso del
consumo de cocaína,…) a que el consumo de drogas se haya convertido
en un factor de integración social. Donde la “normalidad” es el consumir
drogas siendo este un factor de exclusión social entre los jóvenes. Desde
luego en la actualidad el consumo de drogas no hace distinciones de
clases sociales, afectando por igual aquellas de poder adquisitivo elevado
como a las más humildes.
Hay que tener hoy en día la variabilidad de los consumos, ya que no
todos son iguales. Debemos diferenciar entre el consumidor esporádico
y el consumidor habitual, atendiendo cada realidad de manera distinta.
También, en esta “normalización” hay que tener en cuenta que no todos los
consumos de drogas llevan asociados un problema de drogodependencia.
Lo que en algunos casos hace que sea más laborioso determinar cuando
un consumo de drogas se convierte en una conducta adictiva, aunque
existan potentes herramientas de detección y diagnóstico.
La idea generalizada entre los jóvenes que todo el mundo consume hace
que hagan suya la idea de que es normal el uso de drogas(6).
Uno de los abordajes que se proponen es reforzar la educación
desde los primeros años de escolarización, acentuar el diálogo entre
la administración y la población civil y aunque en el documento no lo
mencione(6), yo añadiría la coordinación entre los diferentes recursos.
Aún conscientes de la variedad de los consumidores y consumos, los
objetivos deberían de ser que existiera un menor consumo de drogas
y que ese contacto se produjera de manera más tardía y dotar a los
jóvenes (y a las personas en general) para tomar las decisiones acertadas.
Cultura del Botellón
Desde hace ya unos años, el fenómeno del llamado botellón se ha
extendido sobre todo entre la juventud. En el afrontamiento de este
fenómeno se han encontrado las más diversas posturas, desde las
permisivas y tolerantes e incluso justificativas hasta las sancionadoras
y prohibicionistas. Desde luego es innegable los perjuicios que tiene el
consumo de tanta cantidad de alcohol en tan corto espacio de tiempo,
pero también hay que tener en cuenta que el botellón lleva implícito
espacios de socialización, unos rituales muy característicos en cuanto
a conseguir el alcohol, la preparación,… incluso en algunos casos, la
convocatoria usando las nuevas tecnologías como SMS e Internet.
En declaraciones a los medios de comunicación responsables de
las universidades como Carlos Berzosa, rector de la Universidad
Complutense de Madrid, asegura que “el botellón es un problema social
que desborda a la universidad”(1) (Madrid Diario, 02-10-2010).
 Más llamativa fue la postura del rector de la Universidad de A Coruña
que desoyendo al Valedor do Pobo, Benigno López, hizo caso omiso de
sus recomendaciones de abstenerse autorizar nuevos botellones en el
recinto universitario y evitar los que se puedan organizar sin el permiso
correspondiente. En un comunicado público, López califica de «llamativo»
que uno de los argumentos empleados por Barjas para defender este
tipo de celebraciones sea que las mismas son una «manifestación cultural
universitaria». Lo cual da un carácter de manifestación cultural a la
realización del botellón en las aulas universitarias.
La recomendación del Valedor, remitida por el alto comisionado
parlamentario el pasado 23 de junio de 2010, se produjo a raíz de
las celebraciones del mes de marzo anterior, en las que se pudo ver
a estudiantes celebrando fiestas con bebidas alcohólicas en el interior
de las aulas con motivo de la celebración del patrón de la Facultad de
Informática, conocido como «San Pepe». Esta fiesta ha convertido en los
últimos años el campus universitario de Elviña en un «macrobotellón»,
con toneladas de residuos esparcidas por los 8.000 asistentes que, por
ejemplo, se dieron cita este año en La Coruña. La propia organización
de la fiesta anunciaba en marzo su renuncia por la deriva en que había
incurrido la celebración, mientras que el decano de la Facultad de
Informática consideraba «inaceptables» las imágenes de los estudiantes
en las aulas.
Así se ha pasado de la tradición de las romerías populares, donde el motivo
de celebración eran motivos religiosos, gastronómicos (exaltación de un
producto) o turístico…, a convertirse esas manifestaciones culturales en
macrobotellones, donde muchas personas se reúnen casi con el único fin
de beber alcohol, aunque no pierden ese espacio de encuentro.
Cultura Post-ModernaEl post-modernismo se ha caracterizado por una prevalencia del
presentismo y una exaltación de la cultura de la imagen, la importancia
de lo material frente a valores que podríamos clasificar de tradicionales
como la cultura del esfuerzo por conseguir metas y logros, la solidaridad,
etc…
El auge de las nuevas generaciones de jóvenes (y no tan jóvenes)
Las diferentes generaciones de jóvenes no han cambiado mucho en las
últimas décadas, desde la llamada Generación X, que comprende aquellas
personas nacidas en los años 70, caracterizada por vivir sin expectativas,
en una constante apatía, que no se van a revelar ante un futuro nada
acogedor, en el cual los estudios universitarios no son sinónimo de un
futuro mejor. Otras características de esta generación fueron tener
relaciones sexuales antes del matrimonio, no respetar a sus padres o
priorizar la amistad antes que la familia.
Tras la generación X llegó la Generación Y, son los nacidos entre 1982
y 1992, una década marcada por el inicio de la revolución tecnológica
y el crecimiento económico. Esta generación está acostumbrada a un
alto nivel de vida y dispuestos a asumir retos, protagoniza el auge de la
conciencia social y el surgimiento de familias no tradicionales.
Ambos términos son aplicados a nivel internacional para describir a toda
una generación de jóvenes nacida en el mundo occidental y desarrollado.
Pero en España surge una particular generación, son los ni-nis. Jóvenes
españoles que, pese al paso inexorable de los años ni estudian ni trabajan,
agravado por la actual situación económica.
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Los ni-nis engloban a los menores de 34 años inactivos (que ni trabajan
ni buscan trabajo), parados sin empleo anterior -los que nunca han
trabajado pero están buscando trabajo- y, por último, que no cursan
estudios reglados y/o no cursan estudios no reglados (títulos no oficiales).
En resumen, los “ni-nis” serían jóvenes inactivos que no cursan estudios
reglados ni siguen una formación no reglada.
Se cifra en 700.000 los jóvenes que viven casi exclusivamente con el
dinero de sus padres (datos de la EPA, 2009).
Una de las películas en las cuales dicen reflejar los esteriotipos de la Generación
X es “Trainspotting”, todos los personajes que aparecen en la
película presentan algún tipo de adicción, ya sea alcohol, tabaco, valiums,
heroína, etc… Se hace una crítica a la doble moral imperante en la sociedad
donde existen drogas “socialmente aceptadas” y otras “socialmente
despreciables”, drogas “de clase alta” y drogas “de clases baja”.
En general el interés temático de esta generación se centró en la
representación de la conducta de los entonces jóvenes adolescentes, en
sus salidas nocturnas en las grandes ciudades, el uso y abuso de drogas,
del sexo, del alcohol y de la música rock.
La generación Y utiliza las drogas como forma de manifestar sus opiniones
(y porqué no, sus sentimientos) por lo que reivindican su derecho a
consumir alcohol y a experimentar sensaciones nuevas como son el
consumo de drogas, considerando que son dueños de sus vidas y hacen
con ellas lo que quieran, además alardean de eso con sus amigos.
La crisis económica (y porqué no, social) ha multiplicado los Ni-Ni. La
crisis tal vez justifica y les ha dado argumentos a la manera de pensar
de estos jóvenes. Asumen una posición pasiva ante la vida, y ya que no
puedo hacer nada para cambiar mi situación lo mejor es tirarse en el sofá
y fumarse un porro.
Cultura Pro-Legalización Versus Prohibición o RegularizaciónHan surgido muchas voces que aseguran que la legalización de las drogas
acabaría con muchos de los problemas sociales del consumo de estas.
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Uno de los ejemplos que se pone es el fracaso de la prohibición del
consumo de alcohol en los años 20 en los Estados Unidos. Se aduce a
un fracaso de las políticas “prohibicionistas” que limitan los derechos
de los ciudadanos. Entre los motivos que justifican esta postura, sería el
fin del lucrativo negocio del narcotráfico, también la bajada del precio
de las drogas evitando con esto la “necesidad” de traficar o dedicarse
a actividades ilícitas para costear su consumo, garantizar un control de
calidad de las diferentes sustancias-droga, evitar la corrupción política,…
También debemos que tener en cuenta que la regulación del consumo
de ciertas sustancias (en especial tabaco y alcohol) no ha conseguido
impedir el acceso a las poblaciones más vulnerables, en este caso los
menores y que así su consumo ha seguido al alcance de estos, con la
problemática que ello supone.
Conclusiones, Discusión y Propuestas de IntervenciónHemos visto que la cultura de las adicciones y la imagen que la
sociedad ha tenido de las mismas ha variado dependiendo del momento
histórico y económico. Actualmente nos encontramos con un escenario
heterogéneo, donde el consumo de drogas tal vez no ocupa el lugar
predominante en las preocupaciones de la sociedad, pero si está latente
en las problemáticas sociales.
Las expectativas de las generaciones futuras y presentes también pasan
porque no se vean truncadas por el desarrollo de conductas adictivas.
Pero estas conductas adictivas se generarán o no también dependiendo
de las oportunidades que encuentren en el camino, y de la capacidad de
adaptarse a un entorno en continuo cambio y con futuro incierto.
En cuanto a la prevención hay que adaptarse a los nuevos canales de
comunicación, ya que las tradicionales metodologías en los centros
educativos corren el riesgo de quedarse obsoletas y existe la creciente
necesidad de adaptar tanto el lenguaje como el canal de comunicación a las
demandas de los jóvenes (y no tan jóvenes) en un mundo interconectado,
así ya se empieza a hablar de la prevención 2.0.(5).
También, habría que analizar los nuevos escenarios de intervención,
ya que no nos vamos a encontrar con poblaciones definidas y bien
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identificables, sino con situaciones y casuísticas individuales… y lo que
si vamos a encontrar será un escenario apasionante en una sociedad en
continuo cambio y nuevos retos.
REFERENCIAS DE INTERÉS
1.http://www.madridiario.es/2010/Octubre/madrid/madrid/192994/botellon-berzosa-problema-socialsupera-
universidad-ciudad-universitaria-universitarios-jovenes-entr.html
2. http://es.wikipedia.org/wiki/El_alcohol_en_la_Biblia
3. http://www.elcuerpo.es/ley-del-alcohol-item33.php
4.http://periodismohumano.com/sociedad/las-seis-mayores-amenazas-toxicas-para-el-mundo-pobre.
html
5. Prevención 2.0: incorporar las TIC a la prevención de las drogodependencias. http://www.prebentzioa.
edex.es/contenido.asp?pos=1&c=&p=&n=&os=&orden=35
6. La visión de la FAD. Problemas de drogas, aquí y ahora. http://www.fad.es/sala_lectura/LavisiondelaFAD.
pdf
Todas las definiciones y referencias históricas han sido consultadas en la WIKIPEDIA.








sábado, 2 de julio de 2011

DISTINCION A NUESTRO GERENTE

DISTINCION A NUESTRO GERENTE

Distinguido como alumno mas destacado del Curso de Experto en Admon. y Direccion de Fundaciones.

Juan Luis Muñuz Escasi y Lorenzo Marques

Desde Octubre de 2010, nuestro Gerente, Lorenzo Marques, y nuestra Trabajadora Social y Coordinadora de Area, Gema Garrido, han estado realizando un curso de Experto en el Instituto de Estudios Cajasol. Este curso, organizado por la Asociación de Fundaciones Andaluzas, ha sido el primero en su género de nuestra comunidad autónoma y por lo tanto nuestros compañeros han sido miembros de la 1ª Promoción del mismo. Ambos han obtenido, tras ocho meses de clases presenciales en el mencionado Instituto, las calificaciones que les acreditan como expertos en la materia. Cabe destacar, además, que nuestro gerente, ha sido distinguido como el alumno más destacado de esta promoción lo que nos llena de orgullo y nos da la oportunidad de poder poner, una vez más, nuestras estructuras y preparación al servicio de la sociedad. Enhorabuena a ambos.

domingo, 29 de mayo de 2011

TALLER: “la Necesidad de una Respuesta desde la Escuela: el Cine como recurso.Dña. Encarnación Bas Peña. Doctora en Ciencias de la Educación.

1. La escuela no es la solución a las adicciones
Es solo una parte de la misma, ella puede contribuir a la transformación social,
como parte integral de la misma, porque de acuerdo con Freire, (1980)
la educación, como práctica de la libertad, es un acto de conocimiento, una
aproximación crítica a la realidad, y la persona se construye a sí misma y llega
a ser sujeto, en la medida que se integra en su contexto, reflexiona sobre el
mismo y se compromete.
¿De qué modelo de escuela hablamos? ¿tecnocrática o socio-crítica?.
Clarificar este posicionamiento es fundamental para comprender la
propuesta que realizamos en este texto. Una escuela socio-crítica se
plantea como finalidad educativa analizar y cuestionar las razones de
por qué la comunidad a la que pertenece es como es, de modo que el
alumnado se pueda ubicar en ellas y contribuya a su mejora. Se trata
de despertar una conciencia crítica, capaz de identificar cómo las cosas
llegan a ser como son y cómo podrían ser diferentes y mejores, es decir,
más humanas y más justas.
Kemmis (2007) sostiene que la significación educativa de la escuela
socio-crítica es que reordena su curriculum, su organización y sus valores
para llevar a cabo esta orientación crítica y reflexiva dentro del trabajo
de la misma. Se pone en camino para superar las contradicciones de
irrelevancia, aislamiento, fragmentación y artificialidad, que con frecuencia
se dan en su seno, y, se centra en promover la experiencia directa del
alumnado en tareas que son reales y significativas para ellos y sus
comunidades. De esta manera, se vincula la teoría y la práctica sobre
cuestiones que afectan a la sociedad en general, estableciendo puentes
de transición entre ésta y los centros educativos. A la vez que se forma
en “competencias” transversales y específicas, y, recordemos que las
competencias incluyen conocimientos, habilidades o destrezas, actitudes
y valores, que se materializan en la práctica.
Como afirma Antonio García Patiño (2011), en el programa de este
Congreso, las “adicciones no son modas, acaban convirtiéndose en
“cultura”, que no es otra cosa que el proceso de socialización de la
adicción”, de esta forma se termina “en normalizar la adicción para que
se constituya en parte de la presunta normalidad social y cultural”. Las
escuelas, como parte de una comunidad concreta, están impregnadas
de su cultura, de ahí que la educación mediante diferentes recursos,
como el cine, pueda contribuir a analizar y a deconstruir esa supuesta
“normalización de las adicciones”.
2. Educación, formación y competencias
Las escuelas, como instituciones sociales con una finalidad educativa, no
pueden permanecer ajenas a lo que sucede fuera de sus aulas. Es necesario
que estén críticamente interesadas en los problemas de su entorno, y
se relacionen, ayudando a los estudiantes a reflexionar, comprender, y
construir sus propias visiones sobre lo que sucede a su alrededor. En
este sentido, Morin, (2001) indica que es necesario desarrollar la aptitud
natural de la inteligencia humana para ubicar todas sus informaciones
en un contexto y en un conjunto. Así como los métodos que permiten
aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las
partes y el todo en un mundo complejo. Esto nos lleva a plantearnos la
formación universitaria y continua, de los profesionales que intervienen
en las escuelas, profesorado, departamento de orientación, etc. Para
que puedan realizar sus funciones en las mismas y el desarrollo de sus
competencias (Bas, 2007).
“La educación es educarse”, sostiene Gadamer (2000), nos educamos a
nosotros mismos cuando adquirimos la capacidad de enmendar nuestras
propias carencias mediante nuestra actividad, potenciando las fuerzas
allí donde uno percibe sus puntos débiles, lo que requiere el esfuerzo
personal. Sostiene que las posibilidades de influencia del educador
profesional son limitadas, y destaca el papel relevante de la conversación
y la comunicación humana. De ahí, la importancia de utilizar el cine como
recurso, porque promueve la reflexión y la comunicación ante situaciones
diversas relacionadas con las personas, los contextos y las adicciones
(sustancias, sexo, Internet, compras, juego, etc.)
Por consiguiente, si pretendemos dar algunas respuestas satisfactorias
a las nuevas realidades sociales, como las adicciones, conviene que nos
cuestionemos constantemente la validez de muchos conocimientos, de los
procedimientos utilizados, de las aportaciones de las investigaciones, de
las propias experiencias y actuaciones. Marías, (2000) afirma que “hay que
enfrentarse a los males de este mundo con todos los recursos disponibles.
¿Se hace así? El recurso más importante y eficaz, el instrumento que posee
el hombre, es el pensamiento. Quiero decir algo más que la inteligencia, la
razón, que busca y encuentra las conexiones de la realidad. Sorprende lo
poco que se usa, incluso en los gremios que se consideran intelectuales”.
Consideramos que el cine es un recurso que nos permite presentar
situaciones y realidades diferentes sobre las que tendremos que pensar
y dialogar. Y, recordemos que las ideas están entretejidas en el lenguaje.
Lo usamos para informar y convencer, intimidar, prometer, seducir y, por
supuesto, jurar. Refleja como captamos la realidad, y también la imagen
de nosotros mismos que intentamos proyectar hacia los demás, y los
vínculos que nos atan a ellos. Se trata de una ventana a la naturaleza
humana (Pinker, 2007).
También, el Espacio Europeo de Educación Superior incorpora nuevos
conceptos a los procesos de formación, como los relativos a la adquisición
y desarrollo de “competencias”, tan necesarias para trabajar en la
prevención de las adicciones. Para Le Boterf, (2001) las competencias
son una construcción; una persona competente es una persona que sabe
actuar en un contexto particular, eligiendo y movilizando un equipamiento
doble de recursos: recursos personales y recursos de redes; saber
actuar de forma pertinente supone ser capaz de realizar un conjunto de
actividades según ciertos criterios deseables, adquiridos en su proceso
de formación.
Perrenoud (2009) sostiene que la formación basada en competencias
enlaza con el modelo práctico-reflexivo, que se lleva a cabo desde un
paradigma integrador y abierto, centrado en la reflexión en la acción.
Y, es en la acción en donde “en función de nuestra experiencia disciplinar,
nuestros roles organizativos, situaciones del pasado, intereses y perspectivas
políticas y económicas, nos enfrentamos a las situaciones problemáticas de
maneras muy diferentes… hay zonas indeterminadas de la práctica –tal es el
caso de la incertidumbre, la singularidad y el conflicto de valores- que escapan
a la racionalidad técnica” (Schön, 2002), porque ignora la subjetividad de las
personas, la cultura propia del contexto, la complejidad del pensamiento,
las biografías personales,... La intervención educativa relativa a las
adicciones reclama la adquisición y desarrollo de diferentes competencias
tanto de los profesionales de la educación como del alumnado con el que
trabajan, como veremos a continuación.
El REAL DECRETO 1631/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las
enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria,
expresa que las “competencias básicas”, se incorporan por primera vez
a las enseñanzas mínimas, y permiten identificar los aprendizajes que se
consideran imprescindibles.
Se han identificado ocho competencias básicas:
1. Competencia en comunicación lingüística.
2. Competencia matemática.
3. Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico.
4. Tratamiento de la información y competencia digital.
5. Competencia social y ciudadana.
6. Competencia cultural y artística.
7. Competencia para aprender a aprender.
8. Autonomía e iniciativa personal.
Su logro deberá capacitar al alumnado para su realización personal,
el ejercicio de la ciudadanía activa, la incorporación satisfactoria a la
vida adulta y el desarrollo de un aprendizaje permanente a lo largo
de la vida. Y, como sabemos, cualquier adicción dificulta e impide el
desarrollo y ejercicio de las mismas, de ahí que sea preciso orientar la
intervención educativa desde los centros educativos (currículo, tutorías
con el alumnado y padres-madres, actividades extraescolares) y desde
la comunidad hacia la promoción de los factores de protección y la
reducción de los factores de riesgo, que obstaculizan la construcción
e interiorización de conocimientos, destrezas, actitudes y valores para
afrontar las diversas situaciones sobre las adicciones.
También, el citado Real Decreto manifiesta que la inclusión de las
“competencias básicas” en el currículo tiene varias finalidades:
a) Integrar los diferentes aprendizajes, tanto los formales, incorporados a
las diferentes áreas o materias, como los informales y no formales, entre
los que se encuentran los relacionados con las drogodependencias.
b) Permitir al alumnado integrar sus aprendizajes, ponerlos en relación
con diferentes tipos de contenidos y utilizarlos de manera efectiva,
cuando les resulten necesarios en diversas situaciones y contextos, como
pueden ser las situaciones vinculadas a la oferta y consumo de drogas.
c) Orientar la enseñanza, al permitir identificar los contenidos y los
criterios de evaluación que tienen carácter imprescindible y, en general,
inspirar las distintas decisiones relativas al proceso de enseñanza y de
aprendizaje.
Además, el Real Decreto sostiene que el trabajo en las áreas y materias
del currículo, para contribuir al desarrollo de las “competencias básicas”,
se debe complementar con diversas medidas organizativas y funcionales,
imprescindibles para su desarrollo.
3. El cine como recurso educativo ante las adicciones
Como se ha indicado anteriormente, las competencias movilizan
conocimientos, habilidades, actitudes y valores, materializándose en la
práctica para responder a las situaciones que promueven las adicciones,
pero se adquieren en el proceso de formación y se amplían mediante
diferentes estrategias educativas, técnicas y recursos como el cine.
Requieren la actividad práctica para verificar su pertinencia, por lo que
resulta pertinente el entrenamiento en la resolución de situaciones, que
impliquen ciertos márgenes de incertidumbre y complejidad, porque las
competencias no provienen sólo de la aplicación del currículum sino de
un ejercicio de aplicación de conocimientos en circunstancias concretas.
Por ello, consideramos el cine como un recurso educativo imprescindible,
porque como arte y espectáculo, permite evocar situaciones personales,
familiares, sociales, analizar y reflexionar sobre hechos concretos; en
definitiva, refleja la sociedad de su momento y los problemas de la misma,
desde la perspectiva de cada director o directora.
Cada film es siempre un documento con ideología, una producción cultural,
una expresión artística del hiperrealismo, neorealismo, surrealismo o
realismo social difícilmente neutra. Una película, como producto cultural
elaborado, es un documento que nos muestra una realidad concreta,
reflejando la mentalidad de la época en que fue producida. Por ejemplo,
recordemos el corto “Charlot en el balneario” de Chaplin.
Con frecuencia nos encontramos con críticas hacia la falta de fidelidad a
los hechos históricos o científicos de una película. El maestro Marc Ferro
(2008) nos advierte sobre ello cuando dice que “... el film como la novela y
como cualquier medio de expresión tiene sus reglas y estas reglas no siempre
coinciden con la naturaleza histórica de los fenómenos”. Como decíamos
refleja aspectos de una determinada realidad, pero no es necesariamente
la realidad misma. Rossellini (2001) afirmaba que “el cine siempre está
enmarcado en patrones sociológicos”, y, desde ellos, hay que saber leerlo
e interpretarlo para comprenderlo y poder utilizarlo.
La elección de una u otra película dependerá de los objetivos a conseguir
y de los factores de protección o de riesgo seleccionados, de las
características de la persona que lleve a cabo la actividad formativa, de
los/las destinatarios/as y del contexto. Por ejemplo, podemos indicar
algunas sugerencias como: Secretos del corazón, Dr. Armendáriz, para
indagar en la importancia de los modelos educativos, la importancia
de la afectividad, las relaciones familiares, la educación y las actividades
de ocio; Kids, Dr. Larry Clark, nos permite reflexionar sobre una cierta
subcultura, peligrosa y seductora de la juventud actual, sobre el sexo, el
consumo de drogas y la prevención del sida. Mentes peligrosas, Dr. John
N. Smith. El rector, Dr. Christopher Cain. Sarafina, un grito de libertad, Dr.
Darrell James Roodt. Hoy empieza todo, Dr. Taverniers. La Ola, Dr. Dennis
Gansel. Además, contamos con las inolvidables películas de Charlie
Chaplin como Charlot en el balneario, La calle de la paz, Tiempos modernos,
Charlot vagabundo, Charlot emigrante; así como las de los Hermanos Marx:
El conflicto de los Marx, El hotel de los líos. Sopa de ganso,... En ellas están
presentes numerosos aspectos de plena actualidad como los conflictos y
las formas de resolverlos: violencia, colaboración, huida, la situación de la
mujer, el consumo de sustancias, las relaciones humanas…
Analizaremos diferentes películas y las posibilidades que nos ofrecen en
la acción educativa.
REFERENCIAS DE INTERÉS
- Bas Peña, E. (2007). “El Practicum en la titulación de Pedagogía: Entre discursos y prácticas profesionales”.
Pedagogía Social Revista Interuniversitaria, 14 (Tercera época), pp. 139-154.
- Ferro, M. (2008). El cine, una visión de la historia. Barcelona: Akal
- Freire, P. (1980). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI.
- Gadamer, H-G. (2000). La educación es educarse. Barcelona: Paidós Asterisco.
- Kemmis, S. Cole, P. y Suggett, D. (2007). Orientaciones para el currículo y la transición. Valencia: Nau llibres.
- Le Boterf, G. (2001). Ingeniería de las competencias. Barcelona: Gestión 2000.
- Marías, (2000). Tratado sobre la convivencia. Concordia sin acuerdo. Barcelona: Martínez Roca.
- Morin, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Barcelona: Paidós.
- Perrenoud, Ph. (2009). “Enfoque por competencias, ¿una respuesta al fracaso escolar?”. Pedagogía Social
Revista Interuniversitaria, 16 (Tercera época), pp. 45- 64.
- Pinker, St (2007): El mundo de las palabras. Barcelona: Paidós.
- Rosellini, R. (2001). Un espíritu libre no debe aprender como esclavo. Escritos sobre cine y educación.
Barcelona: Paidós.
- Schön, D.A. (2002). La formación de profesionales reflexivos. Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el
aprendizaje en las profesiones. Barcelona: Paidós, MEC.

miércoles, 25 de mayo de 2011

“Una Respuesta a la Adicción. La Aplicación de la Hipnosis Clínica” D. Héctor González Ordi. Doctor en Psicología. Profesor Universidad Complutense

La hipnosis como procedimiento terapéutico, puede ser considerada
como una de las técnicas más antiguas que se conocen para provocar
cambios en los procesos cognitivos, afectivos, psicofisiológicos,
perceptuales y conductuales a través de la sugestión (Edmonston, 1986;
Ellenberger, 1970; Gauld, 1992). Actualmente asistimos a un renovado
interés por la hipnosis y sus posibles aplicaciones, particularmente en el
campo del control y manejo del dolor agudo y crónico (Capilla Ramírez
y González Ordi, 2010; González Ordi, 2005 y 2006; Jensen, 2009 y 2010),
las reacciones de ansiedad y estrés (González Ordi, 2002), depresión
(Yapko, 2006), y manejo de adicciones (Lynn y Kirsch, 2006).
Según la American Psychological Association, Division 30: Society of
Psychological Hypnosis (2005) “la hipnosis supone un proceso durante
el cual al sujeto se le administran sugestiones que fomentan experiencias
imaginativas (…) La inducción hipnótica se utiliza para estimular y evaluar
respuestas a las sugestiones. Durante la hipnosis, el sujeto es dirigido por el
hipnotizador con el fin de que responda a sugestiones que producen cambios
en la experiencia subjetiva, alteraciones en la percepción, sensación, emoción,
pensamiento o conducta”. El proceso hipnótico es en esencia una relación
de comunicación entre hipnotizador e hipnotizado que pretende generar
comportamientos determinados basados en cambios en la experiencia
subjetiva, respuestas somáticas y ejecución motora en función de ciertas
sugestiones previas. En la medida en que este comportamiento se ajusta
mejor a las sugestiones administradas, el sujeto es más hipnotizable; en la
medida en que el comportamiento no es congruente con las sugestiones
administradas, el sujeto es menos hipnotizable.
Las técnicas de inducción facilitan una serie de cambios en las
características de los individuos que los predisponen a una mayor
receptividad a las sugestiones, favoreciendo (González Ordi, 2001):
• Las expectativas de éxito sobre el proceso hipnótico.
• Actitud no crítica hacia el contenido de las sugestiones.
• Motivación dirigida a los objetivos planteados.
• La adopción del rol de sujeto hipnotizado, que esencialmente
implica “dejarse llevar por las instrucciones del terapeuta”.
• Creencia en y conformidad con el proceso hipnótico.
• Aumento de la sugestionabilidad.
• Focalización de la atención en el contenido del mensaje estimular,
desatendiendo a los estímulos no relevantes al mismo.
• Mayor realismo y viveza en la imaginación.
• Mayor implicación emocional en el contenido de las sugestiones.
• Aumento de las sensaciones subjetivas de relajación.
• Mayor sensación de la automaticidad del comportamiento:
involuntariedad.
Este conjunto de variables, actuando convergentemente, favorecen la
motivación del sujeto o paciente ante la posibilidad del cambio terapéutico,
flexibilizando su actitud crítica y potenciando sus capacidades cognitivas
para producir modificaciones en la dirección de los objetivos clínicos
propuestos.
En esta ponencia se exponen los siguientes aspectos referidos a la
aplicación de las técnicas de hipnosis en el ámbito clínico:
1. ¿Qué no es hipnosis?: principales mitos y concepciones
erróneas sobre la hipnosis.
2. ¿Cómo funciona la hipnosis? : características básicas.
3. ¿En qué aspectos puede ayudarnos la hipnosis clínica en el
manejo de las adicciones?
La hipnosis es una herramienta terapéutica flexible y adaptable a distintos
sistemas y contextos de trabajo. De hecho, se define la hipnosis clínica
como el empleo de las técnicas de sugestión como coadyuvantes de los
sistemas terapéuticos establecidos (Rhue, Lynn y Kirsch, 1993). Teniendo
esto en cuenta, puede contribuir significativa y eficazmente al manejo
de la adicción si orientamos el empleo de la sugestión en los siguientes
aspectos:
1. Enseñar estrategias de autocontrol y autorregulación a los pacientes,
centradas en:
• Manejo y reducción de la ansiedad.
• manejo y reducción de la sintomatología asociada a la abstinencia.
• búsqueda de estrategias alternativas de respuesta al deseo de
consumo.
2. Manejo y prevención de recaídas, centrado en:
• En exposición imaginada bajo hipnosis a situaciones de alto
riesgo de consumo.
• Maximización de la autoimagen de “no consumidor”.
Estos objetivos clínicos se plantean dentro de un protocolo operativo
en cuatro fases del proceso hipnótico que incluye una fase preinductiva
(con dos objetivos principales: reestructurar los mitos y concepciones
erróneas sobre la hipnosis y evaluar la hipnotizabilidad del paciente),
una fase de aplicación de las técnicas de inducción hipnótica, una de
administración de sugestiones específicas que faciliten el cambio de
conducta y, finalmente, una fase posthipnótica que se centra en enseñar a
los sujetos a autoaplicarse las sugestiones y hacerlo en situaciones de su
vida cotidiana (González Ordi, 2001).
REFERENCIAS DE INTERÉS
- Capilla Ramírez, P. y González Ordi, H. (2010). El papel actual de la hipnosis en el tratamiento del dolor
crónico. Revista de la Sociedad Española de Dolor, 17, 88-89.
- Edmonston, W.E., Jr. (1986). The induction of hypnosis. New York: John Wiley & Sons.
- Ellenberger, H.F. (1970). The discovery of the unconscious: The history and evolution of dynamic psychiatry.
New York: Basic Books (versión en castellano: El descubrimiento del inconsciente. Madrid: Gredos, 1976).
- Gauld, A. (1992). A history of hypnotism. Cambridge: Cambridge University Press.
- González Ordi, H. (2001). La hipnosis: mitos y realidades. Archidona (Málaga): Aljibe.
- González Ordi, H. (2002). Técnicas de sugestión en el control del estrés. En E.G. Fernández-Abascal y
M.P. Jiménez Sánchez (Eds.), Control del estrés (pp. 301-325). Madrid: UNED Ediciones.
- González Ordi, H. (2005). El empleo de las técnicas de sugestión e hipnosis en el control y reducción
del dolor: implicaciones para la psicooncología. Psicooncología, 2, 117-130.
- González Ordi, H. (2006). Hipnosis clínica: aplicaciones de las técnicas de sugestión en psicología clínica
y de la salud. Psicología Conductual, 14, 467-490.
- Jensen, M.P. (2009). Hypnosis for chronic pain management: a new hope. Pain, doi:10.1016/j.
pain.2009.06.027
- Jensen, M.P. (2010). Psychosocial approaches to pain management. Pain, doi: 10.1016/j.pain 2010.09.002.
- Lynn, S.J. y Kirsch, I. (2006). Essentials of clinical hypnosis. An evidence-based approach. Washington, DC:
American Psychological Association.
- Rhue, J.W., Lynn, S.J. y Kirsch, I. (Eds.) (1993). Handbook of clinical hypnosis. Washington, DC: American
Psychological Association.
- Yapko, M. (Ed.) (2006). Hypnosis and treating depression. London, UK: Routledge.

viernes, 20 de mayo de 2011

“Evolución Social de las Adicciones” D. Javier Elzo Imaz. Catedrático Emérito de Sociología.

Desde que las drogas hicieron irrupción social entre nosotros (en la
década de los 70 del siglo pasado) ha habido dos grandes percepciones
sociales para afrontarlas. Muy someramente las describiríamos así.
En primer lugar alarma social ante las nuevas drogas cuya presencia y
extensión coincide con la etapa de la transición política. Insistimos en
la coincidencia no en la causalidad. No cabe decir que “a causa” de la
transición aumenta el consumo de drogas. Es un fenómeno concomitante.
Una de sus notas características sería el aumento de los consumos de
determinadas drogas prácticamente inexistentes hasta ese momento
o, en todo caso, reducidas a ámbitos muy restringidos, básicamente del
mundo contracultural, estudiantil, artístico, etc. Tras su extensión se
produce una reacción social. En primer lugar de los afectados y de sus
familias. Después vendría la Administración.
Durante muchos años ha sido la política dominante cabe resumir en la
expresión de “No a las drogas”. El objetivo era conseguir que la gente
(los adolescentes y jóvenes, sobretodo) no consumieran drogas. Desde
los afectados por las drogas y sus familias (quienes en primer lugar se
movilizaron, lo repetimos) hasta las respuestas de los organismos oficiales
y de las entidades privadas, hubo un consenso generalizado de que había
que conseguir atajar lo que se denominó como la plaga de la droga.
Algo se consiguió y de hecho se llegó a decir que la pandemia de la
droga sería pasado en breve tiempo. Pero por varias razones (pérdida
de la percepción del riesgo, menores resultados de los esperados, poca
constancia en la prevención etc.), se dio paso a lo que se denomina como
la política de la “reducción del daño”. Será la segunda gran respuesta al
tema de las drogas.
Puesto que no conseguimos erradicar el consumo, se decía, vamos a
trabajar para que las consecuencias sean lo menos dañinas posibles para
los consumidores.
Algunos sostuvimos, desde el primer momento, que la política de la
“reducción del daño” era, al mismo tiempo, absolutamente necesaria y
radicalmente insuficiente si, al mismo tiempo, no venía acompañada por
una decidida y firme política de desincentivación del consumo de drogas.
Con la política de “la reducción del daño” se consiguieron algunos de
sus objetivos (descenso en el número de fallecidos por el consumo de
drogas, por ejemplo) pero el consumo no solamente no descendió sino
que volvió a subir y, en varios productos, se colocó en los valores máximos
de todos los tiempos. En parte porque se había bajado la guardia, quien
sabe si por impotencia o porque eran solamente las medidas para paliar
sus consecuencias las que estaban al orden del día o, muy probablemente,
por ambas a la vez. Además, las imágenes más alarmantes ligadas al
heroinómano por inyección parenteral habían pasado afortunadamente a
la historia. En parte también porque la reducción del daño fue entendida
por los jóvenes (y no solamente por los jóvenes en demasiados casos)
como una seguridad para el consumo pudiendo incluso llegar a constituir
una incitación al mismo consumo aunque, obviamente, no estaba en el de
las políticas asociadas a la reducción del daño.
Por todo ello sostuvimos (y sostenemos) la necesidad e insuficiencia de
esta política de “reducción del daño”. Al menos si el objetivo finalista no
es solamente que, una vez consumido el producto, el daño sea reducido
(“harm reduction”) sino abordar el hecho mismo del consumo, del porqué
del consumo y de sus derivados: quienes, porqué, en qué circunstancias,
con qué expectativas, con que resultados en sus vidas consumen, etc.
Después entramos en otra etapa, en la que, sin desechar lo más positivo
de las políticas anteriores, se reconoce que la realidad es más compleja,
que la droga forma parte de nuestro paisaje social y quien sabe si no es
el peaje a pagar por una sociedad cuyo valor supremo es el bienestar. Se
propugna que los consumos, cuando los haya (y no se puede no leer la
realidad) sean “cuanto más tarde mejor” y “cuanto menos se consuma
mejor”.
Un análisis fino mostraría, entre otras cosas, la importancia del cannabis,
especialmente en algunos jóvenes. Así en aquellos que parecen mantener
una relación simbólica de distanciamiento con el orden establecido,
siendo el cannabis signo e icono de otra forma de estar en la sociedad,
con connotaciones de rebeldía y crítica socio-política. Con lo que
recordaríamos, de alguna manera, al modelo iniciativo del consumo de
drogas en los años 60 y 70 en Berkeley, pero en más “ligth”. La historia
nunca se repite, no sea más que por el peso y poso que dejan los años en
la memoria. Además, el cannabis no es el LSD, menos aún la heroína. La
cocaína requiere tratamiento propio pero no podemos no decir que su
consumo nunca ha sido tan alto como en estos últimos años.
Pero, cerrada ya la primera década del siglo XXI, hay que subrayar que
la sociedad ha situado entre sus dos iconos referenciales de primer
orden la seguridad y la salud. En razón de la primera se han multiplicado
los controles de alcoholemia. En razón de la segunda se ha prohibido
fumar en recintos públicos (con algunas excepciones significativas y que
valdría la pena detenerse en ellas). Con lo que quizás volvamos a tiempos
anteriores a los de la transición y se produzca un “revival”, ciertamente
más que “posmoderno”, de los guateques de los sesenta, eso sí, también
en domicilios (o residencia secundarias) de las familias más acomodadas.
Pero, mas allá de los controles de alcoholemia, básicamente ligados a
la salud y a la seguridad vial, no queremos cerrar sin un apunte al tema
del alcoholismo que, a nuestro entender, es socialmente hablando, como
fenómeno social, muchísimo más grave que el tabaco, producto que,
quizás, clínicamente hablando, sea el más dañino.
Lo que plantea un problema de la mayor importancia, a saber, qué es lo
prioritario en una sociedad, luego a qué fenómeno hay que dedicarle más
esfuerzo, si a prolongar la vida de las personas erradicando el vicio del
tabaco, o a luchar contra las violencias y agresiones a personas como
consecuencia de los consumos abusivos de alcohol. En jóvenes y adultos.
Decir que ambas cosas a la vez es la respuesta políticamente correcta
pero, en la práctica, no solamente utópica sino quimérica, si se analiza con
ojos fríos la realidad. Y ahí estamos.